Archivos de la categoría ‘Veganismo’

Yo vi a sus ojos

Publicado: julio 25, 2016 en Relatos, Veganismo

Yo vi a sus ojos y por fin después de tantos años de indiferencia, pude sentir su dolor, pude comprender su sufrimiento, en algo tan simple como ver a sus ojos, llenos de miedo, llenos de inocencia, llenos de incertidumbre y dudas, pude entender, casi de un momento a otro. Sentí su dolor y su miedo por un segundo, me vi entre barrotes caminando apuntalado, enfermo, cansado y adolorido. Atrás ya entre nubes e imágenes borrosas aún algo queda en su mente del dolor de la pérdida, del arrebato de aquel hijo que la obligaron a concebir y que una vez dado a luz jamás volvió a ver. Hoy entiendo, justamente hoy, algo que siempre me cuestioné cuando pequeño, pregunta que de súbito y acallada por el correr de los años dejó de atormentarme en un momento, adormeciendo mi conciencia y mi real decisión. Al rico y al explotador le conviene la mentira, le conviene el sufrimiento oculto por sobre el camino correcto, le conviene disfrazar la Ética bajo el traje de la Moral, esconder el rostro de lo realmente correcto bajo el antifaz de lo “Normal”. La sociedad está corrompida por un recorrido de siglos de decisiones intencionalmente equivocadas por unos pocos a quienes siempre les ha convenido que el mundo recorra el camino equivocado, camino fácil lo llaman y lo adornan con murallones sin ventanas llamados “Educación Primaria y Secundaria”, con techos de cemento hechos de televisión abierta, cuyo material se hace más sólido y consistente con el correr del tiempo. Porque todo el mundo entiende que la tecnología avanza a pasos de gigante, todo el mundo sabe que los avances permiten salvar vidas, todos manejan la información de que gracias a la ciencia en la medicina hallamos cura a muchos de nuestros males. Mas el ser humano se esmera siempre en buscar todo para sí mismo, sin importar el precio que ello conlleva, el fin siempre justificará los medios cuando de salvaguardar a la humanidad se trate. Nos engañaron siempre, con sus pestes inventadas y enfermedades provocadas intencionalmente por los mismos que luego tenían la cura, infunden el miedo a costa de miles de vidas de la misma especie, corrompidos por una ambición banal, perecedera, limitada e intrascendente, el dinero. Nos engañaron siempre y a estas alturas ya ni basta que nos sigan engañando, porque la humanidad se durmió finalmente, nos guiaron por el riachuelo mucho tiempo creyendo que el camino llevaba a Mar Abierto, pero nos han dejado a la deriva en el Mar Muerto y aunque poco a poco nos hemos ido dando cuenta de la triste verdad, no son suficientes para remar la gigantesca embarcación de la humanidad.

“Me empujan, me golpean y me entierran sus pinzas electrificadas, el pasillo es muy estrecho por lo que no puedo girar y al volver sobre mis pasos me vuelven a empujar, el dolor es intenso, tengo miedo y quiero salir de aquí, quiero que acabe esto…” No puedo seguir mirando, vuelvo a ver en sus ojos el dolor, el sufrimiento y el miedo inmerecido. “De cabeza mis ojos hacia el suelo, intento librarme, pero es imposible, un cuchillo atraviesa mi garganta y no puedo defenderme, tampoco hay quien me defienda, mi sangre cae y me siento débil, estoy cansado, tengo miedo y ya no puedo respirar, mi sangre me ahoga y el dolor es insoportable, intento librarme una y otra vez, no entiendo qué pasa, sólo quiero vivir…” Una lágrima primero, después otra, siguió un llanto incontrolable y unas ganas enormes de pedir perdón a cada uno de ellos, una culpa incontenible que jamás antes sentí en mi vida, arrepentimiento, dolor, pena, rabia, angustia… Resignación. Una imagen que se repite millones de veces a diario, una tortura totalmente innecesaria, vuelvo a pensar en la tecnología ¿Recuerdan lo que pensé en este mismo texto? Si, avanza a pasos agigantados ¿Por qué la estamos usando tan horriblemente mal? El Ser humano tiene un don único en comparación a todas las demás especies del reino animal, una Inteligencia incomparable, tan grande que poseemos capacidad de razonamiento de tanta magnitud que podemos identificar el mal y el bien sin previas reconvenciones… ¿Resignación? Pensé entre lágrimas, ¡No señor! Es inclaudicable resignarse a dejar que pasen cosas que aún no pasan.

Personalmente, no puedo quedar de brazos cruzados, no pienso, no es una opción y hasta el día en que deje de existir será esa mi decisión. No es que no queramos cambiar, es que no sabemos que existen opciones, porque nunca salvo en la inocencia de la niñez nos hemos cuestionado qué está bien y qué está mal, la sociedad humana ya ha sido diseñada a la medida de unos pocos a su antojo, tal diseño ha sido tan efectivo que dejamos de cuestionarnos cosas y nos dedicamos simplemente a imitar lo que ya se viene haciendo. Déjenme decirles estimados lectores que los más grandes cambios positivos de la humanidad y las más grandes verdades otrora social y globalmente rechazadas han nacido de cuestionamientos a las directrices sociales regentes. El cambio es y será siempre el resultado de un cuestionamiento a algo pre establecido, nunca dejemos de cuestionar. El sufrimiento nunca será algo normal, la ética y la moral son cosas distintas, aunque el dolor y la muerte sean parte natural de la vida, el cuestionamiento está en la forma y circunstancias en las que estos se producen y llevan a cabo. No voy a descansar más, aunque me falte vida para ver cumplida la meta, no pienso claudicar en esta lucha, que no es por mí bajo ningún punto de vista, no es mi conciencia la que me pide luchar, es mi sentido común, es mi yo adulto respondiendo a mi yo de niñez sin intervención de terceros de por medio que modifiquen el contenido de mi respuesta… ¿Resignación? Pregunto nuevamente entre sollozos mientras observo el cuerpo sin vida, yo vi a sus ojos y por fin después de tantos años de indiferencia, pude comprender que estuve 26 Años recorriendo el camino equivocado, yo vi sus ojos, le pedí perdón y le susurré que su muerte no sería en vano…

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El sendero equivocado

Publicado: julio 5, 2016 en Relatos, Veganismo

En el camino perdí el sentido de la vida, perdí la sensibilidad, perdí la noción de la realidad, la capacidad de ponerme en el lugar del otro. En el camino aprendí a preocuparme primero por mí, después por los que quiero tener cerca mío (es decir seguí preocupándome por mí, porque me preocupé por alguien que me importaba y cuya compañía necesitaba), aprendí a creer que adorar imágenes inventadas por la misma humanidad era el camino a mi salvación. Aprendí que el humano es superior a toda otra raza. En el camino aprendí a diferenciar y devaluar una vida por bajo otra, aprendí que nuestra naturaleza es ser superior a las otras especies. En el camino aprendí a ignorar el sufrimiento del que cometió errores y del que no nació humano ni mascota. Aprendí a ignorar el sufrimiento, a hacerlo parte del día a día, a entender que nada podía hacer, que “así es la vida” que “así es la naturaleza”. 

Hoy abro los ojos y cuenta me doy que nada aprendí, cuenta me doy que el tiempo perdí. Hoy puedo ver que no se nada, hoy vuelvo a aprender. Hoy he vuelto a nacer y he desviado mi camino hacia el sendero correcto, hacia el trayecto de la consecuencia entre lo que digo, lo que pienso y lo que hago; hacia el trayecto de la sensibilidad, de la valorización de todos los seres, de la compasión por el que sufre, por el que llora, por la madre cuyo sufrimiento nadie puede acallar cuando le arrebatan a su hijo recién nacido, por el bebé cuyo destino es morir sin crecer, en manos del inconsecuente, frente a ojos del insensible, yacer en el plato del ignorante y terminar en el estómago del inconsciente.

Hoy cada segundo que pasa es dolor, es sufrimiento consciente por el que muere de forma cruel sin poder defenderse. Hoy he vuelto a nacer, he vuelto a crecer y he vuelto a aprender de la forma correcta, de la forma que debió ser. Hoy aprendí que preocuparme por los demás no es un acto de compasión sino un acto de comprensión, hoy aprendí que de niño nos enseñan a cultivar la ignorancia en nuestras mentes y la frialdad en nuestros corazones. Hoy camino el sendero correcto, un sendero de amor, de respeto, de consciencia y de armonía, un camino que no recorro sólo y al que cada día espero recorrer de la mano con más y más personas conscientes, que abrieron los ojos, miraron hacia atrás y se dieron cuenta, al igual que yo, que llevaban buena parte de su vida recorriendo el sendero equivocado.

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