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Tributo a mi Guitarra

Publicado: diciembre 20, 2014 en Música, Relatos

Usted querida, tanto tiempo sin verla y aunque la saludo al pasar nunca le tomo en cuenta. Usted que en mi juventud me acompañó en mi soledad, cuando no creía en mí mismo y respiraba por inercia. Usted que siempre me espera, que siempre está disponible para poderle acariciar como lo hacía en mis épocas de capullo en proceso de maduración. Fiel como no hay otra, tu cantar me hizo revivir en esas noches de desvelo y soledad sin incentivos aparentes, en esa época de ceguera y de amargura, de melancólico e inentendible dolor y de hermosa, maravillosa agonía. Llegué a sentir el clímax junto a ti, te hice ver hermosa y te hice cantar como siempre soñé, trabajamos duro muchas tardes para conseguirlo, pero jamás lograremos perfección, mis manos no te merecen, no soy lo suficientemente bueno contigo como para recibir tus caricias en forma de bello cantar, cuan canto del Uirapuru acariciando el verdor de la selva amazónica… Hubo un tiempo en el que fuiste hermosa, y me sentí bien porque pude ayudarte a serlo. Hoy ya no hay más que recuerdos en mi mente, melodías inconclusas perdidas en el tiempo que viajaron con el viento alrededor del mundo y a veces siento sus silbidos en mi ventana, como suplicándome que finalice lo que alguna vez comencé como una historia de amistad y fraterno amor…

Hoy llego de mi trabajo y estás ahí, donde te dejé, en un rincón escondido de mi departamento entre unos libros y ropa vieja, casi como una representación fidedigna del lugar que ocupas en mi mente, mas no así en mi corazón. Muchas veces te pienso y quiero volver a acariciarte, recuerdo los buenos momentos que vivimos y los momentos mágicos que alguna vez soñamos y prometimos vivir juntos, que a pesar de parecer hoy muy lejanos en mi interior siguen siendo metas por cumplir, sueños por alcanzar, la ilusión no muere y no morirá hasta que se haga real. Hoy te pienso una vez más, tienes un lugar ganado en mi corazón, ahí a un costado del inmenso lugar que ocupa aquella persona que con mucho esfuerzo y amor te trajo frente a mí, la responsable de que tú y yo nos conozcamos y estemos juntos, a pesar de todo, hasta el día de hoy en el que escribo estas líneas. Hoy te rindo tributo a modo de agradecimiento, el árbol viejo en el que te forjaron no murió ese día, vive en ti y revive en cada melodía que de ti sale… Por eso y muchas cosas más es que el sueño no morirá, se mantiene vivo cada vez que estamos juntos haciendo vibrar el aire y también los corazones de todo aquel receptor de nuestras vibraciones… Te rindo tributo hoy, te has ganado un lugar en mi hogar y en mi mente también… No, no ese lugar perdido en el tiempo ni oculto bajo las sombras y el polvo, tampoco rodeada de libros añejos y ropa vieja… Te has ganado un lugar de honor como la anfitriona de mi hogar, y cuando no brilles por tu cantar sabrás brillar por tu belleza, serás el centro de atención siempre, serás admirada por lo que eres… Mi primera gran compañera, mi amiga fiel, mi guitarra…

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Apaga tu cámara y abre los ojos

Publicado: junio 22, 2014 en Música

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Llevamos días, semanas, meses y hasta años esperando por este día. No podemos más con la emoción, desde temprano pensamos en que llegó el día y queremos que las horas pasen rápido hasta que llegue el momento tan esperado, y que de ahí en adelante ojalá el momento se haga eterno, imperecedero, que los minutos se hagan horas, quisiéramos que no termine y que el recuerdo se quede plasmado en nuestra retina. Es un concierto, un evento deportivo, un momento único, pero que lamentablemente parece durar muy poco, de todas formas eso es lo que lo hace más valioso, pues las cosas duraderas los seres humanos no sabemos valorarlas, no al menos mientras duren, pues recién se hacen invaluables y tremendamente importantes para nosotros a medida que su fecha de expiración se acerca, como la vida, como el tiempo, como todo. Queremos que ese momento único y por el cual tanto hemos esperado vuelva a nuestra retina cada vez que lo queramos invocar, llevarnos parte de ese momento a nuestros hogares, guardarlo en nuestra alma. La pregunta es ¿Hacemos lo suficiente para atesorar ese momento? O más bien ¿Hacemos lo correcto por preservarlo?

Llega el momento del espectáculo, el Show, el Match, la ceremonia, o lo que sea que vaya a ocurrir y que merezca la importancia de haber esperado por tanto tiempo aquel día. El lugar de los acontecimientos comienza a atestarse de gente entusiasta y con las mismas ganas y ansias que tú por vivir dicho momento, sale el grupo al escenario, sale el equipo a la cancha, comienza la ceremonia, y aquí es donde empiezas a equivocar el camino, o al menos la gran mayoría. Tomas tu cámara y te pones a grabar, un mar de brazos alzando sus cámaras de video, fotográficas, celulares, se ve en la multitud mientras dura el espectáculo, el match, la ceremonia. Es incómodo intentar observar lo que pasa en escena entre tantos brazos que, transformados en verdaderos trípodes y soportes de aparatos tecnológicos, se alzan en multitud como queriendo devorar cada imagen, cada movimiento, cada segundo, cada sensación. No puedes ver bien lo que ocurre, tu brazo se siente cansado, pero quieres grabar para tener un recuerdo para la posteridad, para poder volver a invocar el recuerdo cada vez que lo desees, ese momento por el que tanto tiempo esperaste se transforma en una cansadora y agotadora vivencia. Disfrutas a medias, te conviertes en un camarógrafo más, en un fotógrafo más, ya dejas de ser parte del show, estás detrás del marco, no ves bien por causa de ese bosque de trípodes de carne y Hueso que intentan obtener las mejores tomas en su aparato fotográfico en vez de capturarlo en su retina. Al final ya muy pocos son parte del show, un mar de flashes forman parte de la escena, te preocupas tanto de obtener buenas tomas que ya no disfrutas de lo que ocurre, y eso que llevabas tanto tiempo esperando a que ocurriera ahora empiezas a desear que termine, porque el cansancio te está matando, porque no estás cómodo y porque tu brazo hecho trípode no soporta más.

Termina el Show, vuelves a casa contento porque al fin pudiste estar en ese momento tan maravilloso por el cual esperaste tanto, vas viendo las imágenes que lograste obtener (y borrando las que no son buenas) llegas a casa agotado, tal vez luego subas a internet algunas fotografías y Videos del Show, guardas esas imágenes en alguna carpeta en tu computador, junto a las miles de imágenes de otros momentos únicos como el que acabas de vivir, imágenes que irónicamente no has vuelto a ver desde el momento en que fueron tomadas. Termina la copia de las imágenes, apagas tu computador, te vas a dormir y jamás en la vida vuelves a ver esas imágenes. Pasan los días y las pocas imágenes que tienes en tu retina se van esfumando, la memoria es frágil, más aún si no te esforzaste por guardar ese momento donde más importa; no en una tarjeta de memoria, no en un disco duro, no en una red social… Sino en tu mente.

Te invito a apagar tu cámara y abrir tus ojos, si el momento es realmente único, disfrútalo como tal, pues de lo contrario tarde o temprano te vas a arrepentir de haberlo vivido como un camarógrafo más y no  como un actor más en la escena de un momento por el que esperaste tanto tiempo para poder vivir.