Extraño

Publicado: junio 5, 2015 en Historias

Extraño el cansancio, echo de menos aquel dolor, miradas taciturnas al caminar por el paseo ahumada entre un mar de gente. Extraño el dolor en mis pies, el peso en mi espalda, las ganas eternas de llegar a casa y dejar de hacer todo. Extraño el pensar en aquel trayecto, pensar cómo mejorar en el trabajo, pensar qué cocinar para el mañana que sucede a esa tarde caminando, mirando rostros con ojos que me miran, taciturnos y sonámbulos igual que los míos, vista perdida en el horizonte, mirando sin ver, nuestra vista fija en lo que se pasea por nuestra mente, ese dolor, esa pena o esa celebración próxima. Extraño extrañar el viernes por la tarde, ese momento sublime, echo de menos esperar las seis de la tarde de un viernes cuan escolar esperando el timbre del recreo para salir a jugar, 15 minutos duraban, y aún así se sentían más prolongados que un fin de semana. Extraño sentir que mi fin de semana se hace poco.

Ahora camino descalzo por el campo de los abuelos, estoy donde hace unas semanas atrás quería estar, pero ahora extraño estar caminando por la calle atestada de gente con mirada taciturna, caminar apresurado y pensamiento atormentado; y extraño que mientras camino por ahí extrañaba estar caminando descalzo por el campo, a través del silencio, en medio de la nada pensando en el todo, como ahora.

El tren no cesa su marcha, el campo va quedando atrás y ya lo extraño, más a cada segundo, jugar con los perros, correr por en medio del bosque, respirar ese aire fresco, liviano, sentirme vivo, simple, puro. Jamás el ser humano dejará de extrañar cosas, de enfocarse en el ayer ni de anhelar un mañana dibujado y adornado a gusto del que anhela, del que sueña. De repente extrañé estar sentado en un tren en movimiento, el “tac tac” incesante, un libro en la mano y la música en mis oídos siempre con el “tac tac” que no cesa de fondo salvo en cada parada. Me sentí mejor al extrañar algo que estaba a punto de hacer, luego al mirar por la ventana entrando al túnel me vi leyendo sentado en un vagón, dentro de un tren en movimiento, con el “tac tac” incesante de fondo, unos audífonos me coronaban y la música sonaba (me percaté) mientras veía mi reflejo. Me sentí aliviado y feliz, mucho mejor que antes, por fin me dediqué a extrañar lo que hacía justamente en ese momento, cuando dejé de extrañar no me preocupé de extrañar nada más en aquel instante. Es mejor anhelar lo que estás haciendo que seguir conviviendo con la incertidumbre de un mañana sin certeza.

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